Los versículos que revelan el alcance de la cruz muestran que la muerte de Jesucristo no fue solamente un acto de sufrimiento ni el origen de un símbolo religioso. En la cruz, Cristo entregó su vida por nuestros pecados, derramó su sangre para redimirnos, hizo posible la reconciliación con Dios y abrió el camino hacia una vida nueva.
La Biblia describe los resultados de su sacrificio mediante palabras como perdón, redención, justificación, reconciliación, santificación, paz y victoria. También enseña que la cruz afecta la manera en que el creyente vive: quien ha sido unido a Cristo no debe continuar bajo el dominio del pecado, sino andar en novedad de vida.
Cuando hablamos del “alcance de la cruz”, nos referimos tanto a la profundidad de la necesidad que Jesucristo vino a resolver como a la amplitud de la salvación anunciada a todos los pueblos. Sin embargo, esto no significa que todas las personas sean salvas automáticamente. Los efectos de la obra de Cristo deben recibirse mediante la respuesta al evangelio y una fe que permanece firme.
La cruz tampoco debe separarse de la resurrección. Jesucristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día. Su resurrección confirma la victoria sobre el pecado y la muerte, y sostiene la esperanza de quienes creen en él.
Las citas de esta selección corresponden a la Santa Biblia Reina-Valera 1909 (RV1909). Las expresiones antiguas que puedan dificultar su comprensión se explican después de cada pasaje.
Qué alcanzó Jesucristo mediante la cruz
Los textos seleccionados permiten reconocer diferentes dimensiones de una misma obra salvadora:
| Resultado de la obra de Cristo | Pasajes principales | Enseñanza |
|---|---|---|
| Manifestación del amor de Dios | Romanos 5:6-8 | Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores |
| Justificación | Romanos 3:23-26; 5:9 | Dios justifica por gracia mediante la redención que es en Jesucristo |
| Redención | 1 Pedro 1:18-21 | Fuimos rescatados mediante la sangre preciosa de Cristo |
| Sacrificio suficiente | Hebreos 10:10-14 | Jesucristo realizó una sola ofrenda por los pecados |
| Reconciliación y paz | Colosenses 1:19-23 | La sangre de su cruz hace posible la paz con Dios |
| Acceso y formación de un pueblo | Efesios 2:13-18 | Los que estaban lejos son acercados y reconciliados |
| Perdón y victoria | Colosenses 2:13-15 | La condenación es quitada y las potestades son vencidas |
| Libertad del dominio del pecado | 1 Pedro 2:24-25; Romanos 6:3-11 | El creyente muere al pecado para vivir a la justicia |
| Redención para todos los pueblos | Apocalipsis 5:9-10 | Cristo redime personas de toda lengua, pueblo y nación |
| Esperanza de resurrección | 1 Corintios 15:1-4, 17-20 | La muerte de Cristo no se separa de su resurrección |
Algunos pasajes hablan directamente de la cruz. Otros mencionan la sangre, la muerte, el cuerpo ofrecido o el Cordero inmolado. Estas expresiones no describen obras independientes, sino diferentes aspectos de la entrega de Jesucristo.
Colosenses 1:19-23: paz por la sangre de su cruz
“Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos. A vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero os ha reconciliado En el cuerpo de su carne por medio de muerte, para haceros santos, y sin mancha, é irreprensibles delante de él: Si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído”.
Colosenses 1:19-23, RV1909
Este es el pasaje rector porque reúne varios resultados fundamentales de la cruz. La plenitud de Dios habita en Cristo y, mediante la muerte realizada en el cuerpo de su carne, se lleva a cabo la obra de reconciliación.
El pecado había producido enemistad y alejamiento. Pablo recuerda a los colosenses que anteriormente eran “extraños y enemigos de ánimo en malas obras”. La cruz alcanza precisamente esa condición: quienes estaban separados pueden ser reconciliados, y donde existía enemistad puede establecerse paz.
La finalidad no se limita a evitar el castigo. Cristo reconcilia para presentar a su pueblo santo, sin mancha e irreprensible. La cruz perdona el pasado, pero también establece una nueva pertenencia y una nueva manera de vivir.
La expresión “reconciliar todas las cosas” presenta una obra de alcance cósmico. No significa que cada persona será salva sin responder al evangelio. El versículo 23 añade una condición importante: permanecer fundados y firmes en la fe, sin abandonar la esperanza anunciada.
Por eso deben distinguirse dos verdades. El sacrificio de Jesucristo posee suficiencia para alcanzar a personas de cualquier pueblo y condición, pero sus beneficios no se aplican mecánicamente a quien rechaza el evangelio. La reconciliación debe recibirse y mantenerse mediante una fe perseverante.
Para profundizar en los acontecimientos, significado doctrinal y aplicaciones de este tema, puede consultarse el estudio sobre la crucifixión y muerte de Jesús.
La cruz manifiesta el amor de Dios y justifica al pecador
Romanos 5:6-11: Cristo murió por nosotros cuando éramos pecadores
“Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, á su tiempo murió por los impíos. […] Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación”.
Romanos 5:6, 8-11, RV1909
Pablo no presenta la cruz como una respuesta de Dios a la dignidad humana. Cristo murió por los impíos cuando todavía éramos débiles, pecadores y enemigos. El origen de la salvación no se encuentra en nuestro mérito, sino en el amor de Dios.
En la RV1909, la frase “encarece su caridad” significa que Dios demuestra, resalta o manifiesta la grandeza de su amor. La palabra “caridad” no se limita aquí a dar ayuda material; se refiere al amor divino manifestado en la entrega de Cristo.
El pasaje menciona tres resultados relacionados: justificación por su sangre, reconciliación mediante su muerte y salvación por su vida. La justificación trata con la culpabilidad; la reconciliación, con la enemistad; y la vida del Cristo resucitado sostiene la esperanza presente y futura del creyente.
La cruz, por tanto, no revela un amor indiferente ante el pecado. Manifiesta un amor que interviene en favor de quienes no podían reconciliarse con Dios por sus propios recursos.
Romanos 3:23-26: justificados gratuitamente por su gracia
“Por cuanto todos pecaron, y están distituídos de la gloria de Dios; Siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús; Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento á haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.
Romanos 3:23-26, RV1909
La necesidad de la cruz es universal porque “todos pecaron”. Las diferencias sociales, culturales y religiosas no eliminan la condición común de la humanidad delante de Dios.
La justificación es gratuita porque procede de la gracia. Esto no significa que la redención careció de costo: fue realizada mediante la entrega y la sangre de Jesucristo. Es gratuita para quien la recibe, pero fue alcanzada mediante un sacrificio de valor incalculable.
La palabra “propiciación” señala que el sacrificio de Cristo trata seriamente con la culpa y manifiesta la justicia de Dios. El Señor no declara que el pecado carece de importancia; proporciona en Jesucristo el medio por el cual puede ser justo y, al mismo tiempo, justificar al que cree.
La cruz excluye la jactancia humana. Nadie puede atribuir su justificación a una superioridad moral, cumplimiento religioso o cantidad de buenas obras. Todo depende de la gracia de Dios y de la redención que es en Cristo Jesús.
La relación entre gracia, fe, respuesta al evangelio y vida eterna se desarrolla con mayor amplitud en estos versículos sobre la salvación y la gracia de Dios.
La cruz pagó el precio de la redención y estableció un sacrificio suficiente
1 Pedro 1:18-21: rescatados con la sangre preciosa de Cristo
“Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro ó plata; Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación: Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros, Que por él creéis á Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios”.
1 Pedro 1:18-21, RV1909
Ser redimido significa ser rescatado mediante el pago de un precio. Pedro contrasta las riquezas corruptibles con la sangre preciosa de Cristo. Ni el oro ni la plata, ni cualquier otro recurso humano, podían liberar al pecador de su antigua condición.
En este pasaje, “vana conversación” significa una manera de vivir vacía o inútil, no solamente una forma incorrecta de hablar. La redención alcanza tanto la culpabilidad como la vida heredada y practicada sin obediencia a Dios.
Jesucristo es presentado como un cordero sin mancha. La imagen recuerda los sacrificios del Antiguo Testamento y muestra que su entrega no fue improvisada. Estaba dentro del propósito redentor de Dios y fue manifestada en el momento señalado.
Pedro vuelve a relacionar la sangre con la resurrección. Dios levantó a Jesucristo de los muertos para que la fe y la esperanza del creyente estén puestas en él. La redención no conduce a venerar un instrumento de muerte, sino a confiar en el Dios que realizó y confirmó la obra salvadora.
Hebreos 10:10-14 y 19-22: una sola ofrenda y un camino abierto
“En la cual voluntad somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez. […] Pero éste, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre, está sentado á la diestra de Dios, Esperando lo que resta, hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados”.
Hebreos 10:10, 12-14, RV1909“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el santuario por la sangre de Jesucristo, Por el camino que él nos consagró nuevo y vivo, por el velo, esto es, por su carne; Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, Lleguémonos con corazón verdadero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua limpia”.
Hebreos 10:19-22, RV1909
Hebreos contrasta los sacrificios repetidos del antiguo sistema con la ofrenda única de Jesucristo. Los sacrificios anteriores señalaban la realidad futura, pero no podían quitar definitivamente el pecado. Cristo ofreció su propio cuerpo una sola vez.
La expresión “hizo perfectos para siempre” destaca la eficacia de su sacrificio. No enseña que el creyente se vuelve instantáneamente incapaz de pecar. El mismo capítulo exhorta a acercarse con fe, mantener firme la profesión, estimularse al amor y no pecar voluntariamente.
El sacrificio no necesita repetirse, pero sus efectos deben manifestarse en una vida que se acerca a Dios y persevera. La suficiencia de la ofrenda de Cristo no convierte la obediencia en innecesaria; proporciona el fundamento para acercarse con una conciencia purificada.
La sangre de Jesucristo también abre un camino de acceso. En lugar de permanecer lejos y dominado por la culpa, el creyente es invitado a acercarse con corazón verdadero y plena certidumbre de fe.
La relación entre la ofrenda de Cristo y la vida apartada para Dios puede ampliarse mediante estos versículos de santidad en la Biblia.
La cruz reconcilia, derriba barreras y permite acercarse a Dios
Efesios 2:13-18: los que estaban lejos fueron hechos cercanos
“Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación; Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos en orden á ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo la paz, Y reconciliar por la cruz con Dios á ambos en un mismo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino, y anunció la paz á vosotros que estabais lejos, y á los que estaban cerca: Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”.
Efesios 2:13-18, RV1909
Pablo habla específicamente de judíos y gentiles. Los gentiles habían estado alejados de los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. La sangre de Cristo los acercó y, junto con los creyentes de origen judío, los hizo parte de un mismo pueblo.
La palabra “dirimiendo” comunica la idea de suprimir o poner fin a aquello que producía separación. Jesucristo derribó la barrera establecida por los mandamientos rituales que distinguían a Israel de las naciones.
El texto no afirma solamente que dos personas enemistadas pueden aprender a llevarse mejor. Declara algo más profundo: por la cruz, judíos y gentiles son reconciliados con Dios en un mismo cuerpo. La iglesia no se construye sobre superioridad étnica, nacional o religiosa, sino sobre Jesucristo.
La reconciliación con Dios transforma también la relación con los demás. Quien depende de la misma gracia no puede utilizar su origen, cultura o trayectoria religiosa para despreciar a otros creyentes.
La cruz abre “entrada” a Dios. El acceso no depende de pertenecer a una nación determinada, realizar ceremonias del antiguo pacto o demostrar méritos superiores. Por medio de Jesucristo, los creyentes tienen entrada por un mismo Espíritu.
La cruz quitó la condenación y manifestó la victoria de Cristo
Colosenses 2:13-15: la cédula fue enclavada en la cruz
“Y á vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, Rayendo la cédula de los ritos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitándola de en medio y enclavándola en la cruz; Y despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo”.
Colosenses 2:13-15, RV1909
En la RV1909, “rayendo” significa borrando o anulando. La “cédula” era un documento escrito que reconocía una obligación. Pablo utiliza esta imagen para describir aquello que testificaba contra nosotros y producía condenación.
El contexto también menciona “la cédula de los ritos”. Los creyentes de Colosas estaban siendo presionados por enseñanzas que otorgaban importancia salvadora a determinadas comidas, días y prácticas externas. Pablo afirma que la plenitud se encuentra en Cristo y que aquello que condenaba fue quitado mediante su cruz.
El pasaje no promete que cada deuda económica, consecuencia temporal o problema cotidiano desaparece cuando una persona cree. Habla del perdón de los pecados, de la acusación que pesaba contra nosotros y de la victoria de Cristo sobre los principados y potestades.
Las fuerzas espirituales que parecían ejercer dominio fueron despojadas y expuestas como vencidas. Esto no significa que el creyente nunca enfrentará tentación, oposición o sufrimiento. Significa que esas potestades no poseen la victoria final sobre quienes pertenecen a Jesucristo.
La cruz transforma un instrumento público de humillación en la demostración de la victoria divina. Lo que parecía la derrota de Cristo se convirtió en el lugar donde fueron vencidas la acusación y las potestades enemigas.
La cruz rompe con el dominio del pecado y conduce a una vida nueva
1 Pedro 2:24-25: muertos a los pecados para vivir a la justicia
“El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas”.
1 Pedro 2:24-25, RV1909
Pedro enseña que Jesucristo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero. La cruz trata con la culpabilidad, pero el propósito expresado no termina en el perdón: quienes estaban bajo el pecado deben morir a él y vivir a la justicia.
La sanidad mencionada se relaciona, en el contexto inmediato, con personas que estaban descarriadas y han regresado al Pastor de sus almas. La herida de Cristo proporciona restauración frente al pecado, la culpa y el alejamiento de Dios.
Este pasaje no debe convertirse en una garantía de que todo creyente recibirá inmediatamente la curación de cualquier enfermedad física. La Biblia enseña que Dios puede sanar y que la redención culminará en la restauración completa, pero 1 Pedro 2 enfatiza aquí el regreso del pecador y una vida dedicada a la justicia.
La cruz no solamente ofrece alivio frente a las consecuencias del pecado. Produce una ruptura con su dominio. Haber sido perdonado no autoriza a regresar voluntariamente a aquello por lo cual Jesucristo entregó su vida.
Romanos 6:3-11: unidos a su muerte para andar en novedad de vida
“¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente en él á la semejanza de su muerte, así también lo seremos á la de su resurrección: Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin de que no sirvamos más al pecado. […] Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado, mas vivos á Dios en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Romanos 6:3-6, 11, RV1909
Romanos 6 responde a la pregunta de si la gracia permite continuar pecando. La respuesta de Pablo es terminante: “En ninguna manera”. La unión con la muerte de Cristo conduce a novedad de vida.
Pablo relaciona esta unión con el bautismo en Cristo Jesús. El creyente es sepultado con él a la semejanza de su muerte y llamado a vivir de acuerdo con la realidad de su resurrección. La cruz no es solamente una verdad que se contempla desde lejos; el evangelio llama a participar en la muerte al pecado y en la vida para Dios.
El “viejo hombre” representa la vida gobernada por el pecado. Ser crucificado con Cristo significa que esa antigua autoridad ha sido quebrantada para que ya no sirvamos al pecado.
Esto no significa que desaparecen automáticamente toda tentación y posibilidad de caer. Los versículos siguientes ordenan no permitir que el pecado reine y presentar los miembros del cuerpo a Dios como instrumentos de justicia. La victoria alcanzada por Cristo debe expresarse mediante decisiones concretas de obediencia.
Esta nueva dirección comienza con una respuesta sincera al llamado divino, desarrollada en estos versículos de arrepentimiento con explicación.
El alcance de la cruz incluye personas de todo pueblo y nación
Apocalipsis 5:9-10: redimidos para Dios con su sangre
“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.
Apocalipsis 5:9-10, RV1909
Juan contempla al Cordero inmolado recibiendo adoración. La cruz, que históricamente ocurrió en un lugar concreto, alcanza personas de todo linaje, lengua, pueblo y nación.
El texto no dice que todas las personas son redimidas automáticamente, sino que el pueblo comprado por la sangre de Cristo procede de todos los grupos humanos. Ninguna cultura, idioma, nacionalidad o condición social se encuentra fuera del alcance del evangelio.
Los redimidos no forman una multitud sin propósito. Son hechos reyes y sacerdotes para Dios. La sangre de Cristo crea un pueblo que pertenece al Señor, lo adora y participa de su misión.
Esta visión impide convertir el evangelio en propiedad de una nación, cultura o tradición humana. La iglesia debe anunciar a Jesucristo sin levantar barreras que él derribó mediante su cruz.
Segunda de Corintios 5:19 declara que “Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo á sí”. El versículo siguiente contiene el llamado: “Reconciliaos con Dios”. La amplitud de la invitación no elimina la necesidad de responder; precisamente porque la reconciliación ha sido provista, el mensaje debe anunciarse a todos.
La cruz no puede separarse de la resurrección
1 Corintios 15:1-4, 17 y 20: Cristo murió y resucitó
“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados conforme á las Escrituras; Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras”.
1 Corintios 15:1-4, RV1909“Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. […] Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho”.
1 Corintios 15:17, 20, RV1909
El evangelio proclamado por los apóstoles incluye la muerte de Cristo por nuestros pecados, su sepultura y su resurrección. Estos acontecimientos forman una unidad y no deben enfrentarse entre sí.
La muerte de Jesucristo fue real y sacrificial. La sepultura confirmó que verdaderamente murió. La resurrección manifestó que la muerte no pudo retenerlo y que su victoria no es una esperanza imaginaria.
Pablo afirma que, sin la resurrección, la fe sería vana y todavía permaneceríamos en nuestros pecados. Por tanto, hablar del alcance de la cruz no significa aislar el viernes de la resurrección. La esperanza cristiana descansa en Jesucristo crucificado y resucitado.
La cruz trata con el pecado; la resurrección inaugura la victoria sobre la muerte y garantiza la futura resurrección de quienes pertenecen a Cristo. El alcance de la obra redentora se extiende desde el perdón presente hasta la transformación final del creyente.
La palabra de la cruz es poder de Dios
1 Corintios 1:18 y 23-24: Cristo crucificado
“Porque la palabra de la cruz es locura á los que se pierden; mas á los que se salvan, es á saber, á nosotros, es potencia de Dios. […] Mas nosotros predicamos á Cristo crucificado, á los Judíos ciertamente tropezadero, y á los Gentiles locura; Empero á los llamados, así Judíos como Griegos, Cristo potencia de Dios, y sabiduría de Dios”.
1 Corintios 1:18, 23-24, RV1909
La RV1909 utiliza “potencia” con el sentido de poder. El poder no reside en utilizar la figura de la cruz como amuleto ni en repetir la palabra sin comprender el evangelio. Se manifiesta en el mensaje de Cristo crucificado y en la acción salvadora de Dios.
La cruz contradice la autosuficiencia humana. Algunos buscaban señales impresionantes y otros una filosofía que satisficiera sus criterios de sabiduría. Dios presentó como centro del mensaje a un Mesías crucificado, algo considerado débil o vergonzoso por la sociedad.
Sin embargo, precisamente mediante esa aparente debilidad Dios manifestó su poder. La salvación no depende de la elocuencia del predicador, del prestigio religioso ni de la capacidad intelectual de quien escucha.
La palabra de la cruz es poder de Dios porque descansa en una obra que el Señor realizó conforme a su propósito. Esta confianza se comprende mejor mediante estos versículos sobre la fidelidad de Dios.
Gálatas 6:14-15: gloriarse solamente en la cruz
“Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado á mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura”.
Gálatas 6:14-15, RV1909
En el contexto, algunos querían utilizar la circuncisión de los gentiles como motivo de orgullo religioso. Pablo rechaza esa jactancia y afirma que su única gloria se encuentra en la cruz de Jesucristo.
Gloriarse significa hacer de algo el fundamento del orgullo o la confianza. Pablo no se apoya en sus logros, procedencia, conocimiento de la ley o reconocimiento humano. Toda su esperanza descansa en lo que Cristo hizo.
La evidencia de la obra de la cruz no es una marca externa utilizada para presumir superioridad, sino una nueva criatura. Cambia aquello que gobierna la identidad, los deseos y las lealtades de la persona.
El mundo queda crucificado para el creyente cuando sus valores dejan de determinar la manera en que busca aceptación, seguridad y gloria. A su vez, el creyente queda crucificado para el mundo porque ya no vive para recibir su aprobación.
Lo que el alcance de la cruz no significa
No significa que todas las personas son salvas automáticamente. La reconciliación se anuncia a toda la humanidad, pero la Biblia llama a creer, obedecer el evangelio y permanecer firme en la fe.
No significa que la madera o la figura de una cruz posean poder espiritual propio. El poder pertenece a Dios y se manifiesta en la obra de Jesucristo crucificado y resucitado, no en un objeto material.
No significa que la muerte de Cristo pueda separarse de su resurrección. Sin la resurrección, la predicación y la fe serían vanas. El evangelio incluye muerte, sepultura y resurrección.
No significa que la gracia vuelve innecesarios el arrepentimiento, el bautismo y una vida obediente. Romanos 6 relaciona la unión con la muerte de Cristo con el bautismo y con el llamado a andar en novedad de vida.
No significa que el sufrimiento del discípulo añade algo al sacrificio de Cristo. Jesús llama a tomar la cruz y seguirlo, pero la entrega personal del creyente no repite ni completa la expiación. Jesucristo ofreció por los pecados un solo sacrificio para siempre.
No significa que todo sufrimiento, enfermedad o consecuencia temporal desaparece inmediatamente. La redención garantiza la victoria final y la restauración completa, pero los creyentes todavía atraviesan pruebas mientras esperan su consumación.
No significa que el creyente puede continuar voluntariamente bajo el dominio del pecado. Cristo llevó nuestros pecados para que muramos a ellos y vivamos a la justicia.
Cómo responder bíblicamente a la obra de la cruz
Reconoce la gravedad del pecado y la grandeza del amor de Dios. La cruz muestra que el pecado no puede tratarse como algo insignificante, pero también revela que Dios actuó para salvar cuando éramos incapaces de justificarnos.
Abandona la confianza en los méritos personales. La justificación es gratuita por la gracia de Dios y depende de la redención que es en Jesucristo.
Responde al evangelio. La fe bíblica no consiste solamente en aceptar que Jesús murió. Conduce al arrepentimiento, al bautismo en Cristo Jesús y a una vida guiada por su Espíritu.
Acércate a Dios con un corazón verdadero. La sangre de Jesucristo abrió un camino de acceso. El creyente no tiene que permanecer dominado por la culpa, pero debe acercarse con fe sincera y una conciencia purificada.
Considera muerto al viejo dominio del pecado. La cruz reclama una ruptura con la antigua manera de vivir. El cuerpo, los pensamientos, las relaciones y las capacidades deben presentarse a Dios como instrumentos de justicia.
Busca la reconciliación. Quien ha recibido paz con Dios debe renunciar al orgullo, el desprecio y las barreras que contradicen la formación de un solo pueblo en Cristo.
Anuncia el evangelio a todos. El Cordero redime personas de toda lengua, pueblo y nación. Ninguna comunidad debe considerarse fuera del alcance de la gracia de Dios.
Haz de Jesucristo el fundamento de tu confianza. La cruz excluye la jactancia humana. El creyente no se gloría en su procedencia, obras o reconocimiento, sino en el Señor que murió y resucitó.
Permanece firme en la fe. El evangelio debe ser recibido, retenido y obedecido. La obra suficiente de Cristo no promueve pasividad espiritual, sino fidelidad perseverante.
La cruz alcanza la culpa, la enemistad y la manera de vivir
Los versículos sobre la cruz presentan una obra completa y transformadora. Jesucristo murió por los impíos, llevó nuestros pecados, derramó su sangre, realizó una sola ofrenda y abrió un camino para acercarnos a Dios.
Su sacrificio alcanza la culpa mediante la justificación, la esclavitud mediante la redención, la enemistad mediante la reconciliación y el alejamiento mediante el acceso a Dios. También alcanza la vida diaria: quienes han sido unidos a Cristo deben morir al pecado y vivir a la justicia.
El alcance es universal en su proclamación. El Cordero redime para Dios personas de todo linaje, lengua, pueblo y nación. Sin embargo, esta amplitud no debe convertirse en salvación automática: el evangelio llama a reconciliarse con Dios, responder con fe y permanecer firme.
Finalmente, la cruz no termina en una tumba cerrada. Jesucristo resucitó, venció la muerte y garantiza la esperanza futura de su pueblo. Por eso, la palabra de la cruz continúa siendo poder de Dios para los que se salvan.
Para consultar más selecciones sobre doctrinas, atributos de Dios y vida cristiana, visita estos versículos de la Biblia por temas con contexto y reflexión.